29 diciembre 2011

La chincheta

Fumo al frío e intento despejar la incógnita de las chinchetas que desaparecen del corcho (en la puerta de la agencia donde trabajo). Inexplicable y predeciblemente siempre que salgo a fumar una de ellas ha desaparecido. Siempre mis hipótesis han estado entre el "se caen con el viento" y, como nunca las encuentro en el suelo, el "nos las roban". Las dos opciones son interesantes. En la primera el hecho mismo de que la chincheta se deshaga del cartelón y desaparezca de camino al suelo, o en el suelo, o que desaparezca antes de descolgarse, me parece alucinante. Es magia. En la segunda, me encanta imaginar a la persona que se lleva las chinchetas: alguien que diariamente aparece por ahí y disimuladamente se lleva una chincheta.
Podría pensar que es más fácil la primera alternativa. O sea que pensar en que alguien dedique su vida a llevarse chinchetas es absurda. Pero ¿por qué ocurre siempre que salgo a fumar? Nunca si salgo a saludar, nunca si salgo al banco o a por un café. Solo si salgo a fumar. La chincheta no sabe nada de vicios. Pero la persona que supuestamente dedica su vida a coleccionar chinchetas de colores sí que puede tener la sistematización de hacerlo en determinados momentos. Se me ocurre que se puede divertir vigilándome y que cuando me ve sacar el cigarro a través del cristal, da un salto y se lleva la chincheta. Como para darle un poco de diversión a un gesto que pasados los meses le pueda resultar anodino. O puede que estemos ante un altruista de manual y que se haya propuesto hacerme reflexionar sobre el hecho de fumar.

Yo he inventado varios juegos. Uno, casi para evitar convertirme en aquel filósofo que decía que sabemos que no nos ponemos azules cuando llueve porque la experiencia nos dice que el agua de lluvia moja pero no tinta, consiste en que cada vez que salgo a fumar busco a ver si falla el misterio de la chincheta. Si tengo alguna duda salgo a fumar, me planteo que es sí si la chincheta no está y no si sigue ahí. O al revés, depende de la respuesta que necesite. Es un oráculo al gusto.
En otro juego se ha convertido crear un paralelismo entre colores y colocación de la chincheta, y entre temperatura ambiental y número de chinchetas desaparecidas, y entre ansiedad al fumar y velocidad de la chincheta por desaparecer (a veces salgo rápidamente después de haber entrado, para pillar al tipo que se las lleva, o para pillar a la chincheta saliendo del corcho, o para pillar a la chincheta escondiéndose entre las vetas del mármol de la acera).

A veces hay misterios con los que solo se puede jugar. Sin explicación. Inefables. Como si el misterio mismo de la chincheta fuese dios.