29 febrero 2012

Parada

La vida se detiene. Se bloquea.
Una oleada de miedo, de tristeza, de extrañeza, se posa sobre ti y te impide moverte. No es más que la sensación, inexacta probablemente, de haber avanzado demasiado. Una mirada hacia atrás. Un guiño a ti misma. Una palmadita en la espalda que no sirve sino para entender que hasta tú, tu otro tú, se ha dado cuenta de que no eres más que un error andante. Una forma continua de equívoco.

Estás continuamente actuando en ensayos generales, no te estrenas, no hay éxito, no hay aplausos. Solo existe (a veces) la satisfacción de estar preparada. No hay telón.
Hay solo una cosa que ya has aprendido. La tristeza no se instala más en este escenario.

Tiempo sin compañía. Pensar, matizar. Redescubrir. Redescubrirte. No hay nada en qué pensar. Nada concreto. Solo esa incesante necesidad de ser persona que no prospera. Que no existes, piensas. Que no estás más que en tu mente. Que quizá por eso escribes: para leerte y hacerte la ilusión de que también hay momentos en que estás fuera.

Y un sentimiento que se abre paso sobre los demás: esa necesidad de fortaleza. Tomar decisiones, ponerte coraza, evitar que las heridas se unan entre sí y rajen órganos vitales.

Sólo en el inmovilismo, en esa vida detenida, en las aguas estancadas, cuando eres incapaz de moverte porque no te responde el cuerpo, solo ahí puedes tomar conciencia de hacia donde quieres ir, razonarlo, decidirlo, poner de tu parte para elegir bien, ponerlo todo en hacer lo mejor.

La esperanza y la felicidad desvirtúan la verdad.

15 febrero 2012

Max Muerte.

No se culpe a nadie de mi muerte. Me suicido porque de no hacerlo, seguramente, con el tiempo, te olvidaría. Y no quiero.


“De suicidios”, Mucha Muerte, Max Aub (Cuadernos del Vigía, 2011)





Contraepitafio:

Todo o nada.

Aquí queda eso.

“Epitafios”, Mucha Muerte, Max Aub (Cuadernos del Vigía, 2011)

 

 
 
 
[A veces resulta que el destino y las matemáticas se alían. 
El éxito es sobreponerse al pasado reciclándolo.
Recordar es mirar fotos de familiares.
Carecer complétamente de nostalgia amorosa te da la oportunidad de echarte de menos a ti misma.
Lo que fuiste se transformó en lo que eres, querer volver a aquello es querer destruir la evolución natural. ¿Qué pensaría Darwin de la melancolía?]
 


09 febrero 2012

El aforismo, C y C.

Me gusta el aforismo. Nos gusta el aforismo. Mi amiga y yo sabemos que el aforismo encierra una suerte de sabiduría poética inabarcable en otro género.
Mi amiga se llama C, como yo. Somos C y C. No es el mismo nombre y solo coincide hoy. Mi amiga y yo pensamos cosas distintas de la literatura y sus formas. En esto del aforismo coincidimos.
A C y a mí nos gusta el aforismo, como decía. Pero a C y a mí también nos gusta el ensayo. El aforismo está de moda y el ensayo no, eso lo sabemos las dos. Nos gustaría, sin embargo, que el hecho de que un género esté de moda no nos elimine la posibilidad de hablar y de leer, sobre todo, de leer, otros géneros.

Quizá, comentábamos C y yo, lo que ocurra con el aforismo es lo que ocurre con el microcuento. Quizá es un género nuevo (entiéndaseme con nuevo como "de moda") que no había sido trillado a la manera del ensayo o del cuento, o de la novela, para ser más convencionales.

Quizá, decíamos, lo que nos ocurra tanto con el aforismo con respecto del ensayo como con el micro con respecto del cuento, es que (y esto es una opinión de C y mía, solo una opinión) nos hemos cansado de tanta brevedad. Es posible que el lector trabaje mucho más tanto con el aforismo como con el micro, pero, yo quiero primero tener una experiencia lectora y cultural para poder leer la brevedad y que sea un mundo. ¿No deberíamos empezar por ensayos para entender el aforismo? ¿No deberíamos incluso leer las grandes obras de la literatura (novelas, cuentos, ensayos, teatro, poesía...) para entender qué clase de elipsis se están trabajando en el aforismo o en el micro?

Yo estoy en huelga. No sé qué opinará C. Pero no quiero adentrarme en el maravilloso mundo del fingir que todos sabemos de qué hablamos sin haber leído antes lo que otros han pensado y han sabido realmente.



Una mala época para la rata de biblioteca.